sábado, 19 de septiembre de 2009

Así Vamos...

Así vamos,
por algún extraño lugar al que me enseñaron a llamar mundo,
con el alma herida muchas veces,
pero infinita y en éxtasis muchas otras.

Es cierto que esto parece una danza y que siempre todo es más breve de lo que pensamos; es cierto que mi cuerpo ha comenzado a desaparecer y que ahora todo es tan extraño que resulta imposible describir con palabras.

El amor es la única paradoja que nos aleja de la mente y nos conecta con el corazón. Amor, una simple palabra prostituida por los miedos de nosotros los seres humanos. Amor, es lo único que podría darle sentido a mi corazón. Amor, espérame unos segundos que ya estamos juntos pero aún no podemos darnos cuenta.

Esto, a lo que me enseñaron a llamar vida, no puede seguir esperando a ningún pensamiento. Entonces me transformo en nubes, luego en estrellas, en árboles, en flores, en animales, en el mundo entero, luego en el universo.

Así voy,
a veces como volando, otras veces con la cabeza pegada a la tierra, escuchando las raíces de los árboles avanzar.
Luego me tranquilizo y siento que siempre todo va a estar bien. Porque todas las noches duran lo mismo y siempre llega nuevamente el sol.

jueves, 25 de junio de 2009

Un Invento Prostituto



El cine, que podía haber tenido una dirección sublime como medio de representación artística, fue diseccionado con intereses políticos, económicos e incluso religiosos.

A fines del siglo XIX la proyección de imagen en movimiento genera gran asombro entre quienes lo observan. Un ejemplo que podría aclarar este asombro, es la proyección de Auguste y Louis Lumière, quienes exhiben “L'Arrivée d'un train à La Ciotat“ ("El arribo del tren a La Ciotat"). Esta exhibición registra un hecho, que aunque la historia luego haya negado o lo haya tildado como mito urbano, indirectamente nos habla del asombro que este invento provocó. En el momento en que la proyección mostraba al tren acercándose hacia la pantalla proyectada, muchos de los espectadores salieron corriendo de sus butacas. Más allá de que este hecho sea real o mítico, el sólo hecho que haya circulado como un rumos popular da cierta validez a nuestro punto de vista.

Más allá de cualquier cosa dicha anteriormente el cine era una promesa porque rápidamente comenzó a generar el masivo interés de los individuos sociales. Algo extraño le sucedía a las personas que se paraban frente a una proyección, era como irse de la realidad inmediata y poder asumir mentalmente una historia que desconectaba en gran medida los pensamientos rumiantes de la mente humana.
Nadie se detuvo a pensar que este nuevo invento aparecido después de la Revolución Industrial, podría transformarse en un verdadero lobo disfrazado de oveja, o si se quiere, una invención muy mal desarrollada.

El interés masivo por este nuevo tipo de entretención comenzó a llamar la atención de quienes manejaban los intereses sociales por los años veinte, así se consolidó una industria cinematográfica en los Estados Unidos de Norte América. Comenzaron a crear reglas de exhibición y censura. Rápidamente este invento resultaría un buen manejo de masas para que ciertos intereses, sobre todo políticos, pudieran llevarse adelante. Era fácil controlar a las masas, mostrando a estrellas cinematográficas como iconos de anhelos sociales. Los sueños de muchos eran mostrados como situaciones sublimes que sólo se podían alcanzar a través de la pantalla grande. En definitiva los grandes sueños del hombre estaban separados por una gran brecha, a la que sólo quienes dejaban sus manos en el cemento de una avenida californiana tenían acceso. Eran seres estereotipos sublimados que tenían todo lo que uno socialmente podía desear, es decir lo más sublime que en el sistema social se podía alcanzar.

Entonces los individuos sociales, sometidos a un sistema que desde un comienzo no ha podido esconder bien sus fallas, se ven refugiados en este “sueño americano” que, por causa de la economía de exportación, se nos presentaba como un sueño que sólo algunos tenían la suerte de experimentar; un sueño sólo interpretado por las estrellas de cine que sonreían en las revistas del jet set anglosajón; un sueño que en el tercer mundo parecía lejano y que a la vez nos restregaba en la cara la pobreza de un pueblo tercermundista víctima de la prostitución que la división republicana y comunista generó.

Pero, pesé a todo este control y manejo, grandes obras fílmicas han podido llegar como una representación estoica hasta nuestra retinas, obras que a través de símbolos han logrado mostrarnos la esencia primaria de este Homo Sapiens que quiso jugar a la civilización. Obras que hablan de un ser humano trizado, que queriendo ser civilizado transó los instintos intrínsecos de su naturaleza animal; en busca de importancia, de brindis hedonistas, de falsos orgullos, de competencia y de un alma aterrada en el vértigo de este individualismo post moderno del siglo XXI.

Pero por acá comenzamos a despertar, el hombre comienza lentamente a entender que llevamos casi un siglo interpretando a robots que se han desconectados de su fuente vital llamada Naturaleza. Acá comienza la nueva era del cine; a principios del siglo XXI, quizás el nacimiento de su verdadera utilidad, sanar mediante símbolos a través de un arte que es capaz de sublimar la realidad.
Somos los próceres del nuevo cine, para hacer del éste el espejo fílmico del hombre, quizás de este modo comencemos a entender lo lejos que hemos estado de lo importante, soportando el peso de armaduras y máscaras mientras entendemos que la civilización no es otra cosa distinta a la mitología de la Torre de Babel que tarde o temprano fue víctima de su caída y destrucción.

Marcial Cañas.

domingo, 19 de abril de 2009

Síntesis




Si podemos ser mínimamente conscientes de nuestra existencia, identificaremos que más allá de cualquier definición, tenemos la capacidad de percibir un mundo en el cual estamos siempre presentes. Esto es algo que acá podríamos denominar como “punto de vista”. Dicho “punto de vista” está interconectado con las emociones. La percepción o punto de vista, identificará todos los sucesos exteriores de nosotros mismos, dependiendo de la emoción que se cause. Entonces de nuestras emociones dependerá si el vaso sigue ahí medio lleno o medio vacío. 

Este punto de vista es llamado de varias formas gracias a la variedad geográfica y por ende cultural en este planeta Tierra. Es llamado punto de encaje, consciencia, dimensión, visión, percepción, Yo, Buda, Dios, etcétera.

Dejando un rato de lado la percepción material que tengamos de nuestra existencia, podríamos imaginar que Todo lo que nos rodea no es más que un espacio esférico alrededor de lo que llamamos cuerpo, donde nuestro cerebro proyecta lo que las emociones van causando; o es interferido por el lado izquierdo del cerebro donde la proyección se hace limitada, espacial, temporal, única y paradójica.

Este lado izquierdo del cerebro, al igual que el derecho, posee una función específica, pero los terrícolas hemos asumido que nuestra identidad son esas funciones en sí mismas, y hemos olvidado que somos nosotros mismos quienes utilizan las funciones, que no somos ellas, porque incluso somos capaces de distinguirlas a ambas.

Primero: es necesario recordar que lo que nuestros sentidos perciben es un espectro en 360º de modo táctil, auditivo, olfativo, gustativo y visual. Estos cinco modos de percepción son experimentados en primer lugar químicamente en nuestro cerebro y luego proyectados en esta circunferencia alrededor de nuestra consciencia o punto de vista, otorgándonos todas las sensaciones perceptibles en los cinco modos.

Segundo: es importante identificar que nuestro cerebro posee dos funciones distintas y que nosotros somos los encargados de manejar dichas funciones; no ellas a nosotros. Una de estas dos funciones se encuentra en el hemisferio derecho de nuestro cerebro y está relacionado con las emociones, con el presente inmediato fuera de la línea del tiempo. La otra función se encuentra en el hemisferio izquierdo y tiene que ver con nuestras funciones matemáticas, de tiempo, espacio, memoria, lógica, etc.

Nuestro punto de vista se desarrolla en un mundo que privilegia lo masculino, nuestra forma de ver el mundo está enfocado con un punto de vista patriarcal y por lo tanto direccionado hacia el dominio de la lógica, la razón, la memoria, el tiempo y las matemáticas.

El mayor de lo que aquí podríamos denominar problemas, es causado porque casi todos los habitantes de este planeta nos hemos educado en busca de ser el mejor, de memorizar, de vencer al otro, de adquirir poder. El tipo de educación que hemos recibido como generaciones tiene que ver con el desarrollo del hemisferio izquierdo del cerebro y con la estricta represión de nuestro hemisferio derecho. Se nos niega explícitamente la educación que involucre el análisis, las paradojas, las variantes, la integración de opuestos, la fenomenología en tiempo presente y el amor; es más común diseccionar un conejo en el laboratorio que ir al campo a aprender a respirar.

Esto ha generado que nuestra realidad o percepción del mundo se vuelva gris y en blanco y negro. Somos individuos destinados a desarrollar un punto de vista particular y extraordinario. Pero nos hemos uniformado con un materialismo que ha comenzado a evidenciar sus fallas. Nos hemos ido tan para afuera de nosotros mismos que el “uniforme” ha reprimido nuestra individualidad en busca de lo que condecore sus ropas, mientras el hemisferio derecho comienza a hacer corte circuito. Somos los creadores y lo creado, pero nosotros sólo entendemos que somos lo creado, entonces nos aferramos a la materia, al mundo proyectado; es todo tan impermanente que ser sólo lo creado provoca serias angustias y por lo tanto los daños emocionales correspondientes, finalmente los daños los vemos generados en la proyección que hacemos de nuestro propio mundo.

Lo importante aquí no es generarse un personaje que critique lo anterior, ni que con bandera de lucha se oriente a condenar nuestro errado sistema de educación. Y esto es sencillamente porque para restarle importancia al lado izquierdo del cerebro es necesario dejar de criticar cualquier tipo de objeto; ya sea este material, emocional o racional. Por otro lado es importante recordar que el mundo solamente es una proyección de nosotros mismos y hay tantos mundos como tantas consciencias los puedan percibir. Todos somos parte de una “gran consciencia”, y siendo partes somos capaces de percibir una realidad como la que materialmente percibimos, y de esa misma forma podemos percibir la realidad que creamos posible percibir.

Actualmente el lado izquierdo de nuestro cerebro nos tiene convencidos que él tiene la razón, se ha convertido en un personaje que nos tiene convencidos de sus dictados, tanto así que tememos de nuestros propios actos. El lado derecho está sometido por los designios del izquierdo junto a nuestra consciencia. Vamos apurados a un lugar que ni siquiera conocemos; calculando números, palabras, emociones, sonrisas, llantos, deseos, actos, etcétera.

Alguien por ahí nos dice que ésta es la forma correcta, que no es posible la existencia de otra forma. Y de todos modos la forma no nos llena y nos hace sentir vértigo frente a la vida que vamos experimentando. Entonces seguimos aferrándonos a lo mismo, porque nuestro lado izquierdo también nos asusta con las versiones más trágicas de lo que podría ser el futuro si no le seguimos; sin entender que lo miedos son sólo una parte de nuestra proyección individual.

Y culpamos al resto, porque nuestro mundo o nuestra proyección de él está dividida por la función lógica de nuestro lado izquierdo. Culpamos a la política, a la religión, a los jóvenes, o los adultos, a la economía, a las creencias, a los sistemas. Pero olvidamos quizás lo más importante, olvidamos que el mundo es una proyección de cada uno de nosotros, que hay tantos mundos como tantas consciencias capaces de percibirlo.

Esto es algo difícil de asimilar, porque llevamos toda la vida pensando en que somos Uno en contra del mundo y no nos hemos percatado que el mundo es nuestra propia proyección. Estamos interconectados en una red infinita pero cada uno experimenta sólo lo que es capaz de experimentar. Nuestra mente está tan controlada por la lógica del lado izquierdo, que sería imposible poder pensar en esto; que nuestro mundo es una simple proyección, un simple punto de vista que actúa dañado, porque el observador se ha convencido que él es sólo lo observado, olvidando que es lo observado y el observador al mismo tiempo.

Finalmente es fundamental mencionar que este daño en nuestro punto de vista es algo completamente reversible. La acción de darse cuenta es muy simple, tan simple que un recién nacido podría tener la capacidad de realizarlo; pero quizás es en esta misma simpleza que radica nuestra dificultad para encontrarlo. La intelectualidad no es una llave que pueda abrir alguna puerta en este camino, pero si un medio por el cual podremos avanzar hasta la cerradura más cercana.


Coto Cañas Merino.
www.paroxico.blogspot.com

lunes, 13 de abril de 2009

Wake Up

Vivimos en un mundo extraño, donde ser adulto es llenarse la boca diciendo que la vida hay que vivirla de alguna forma determinada. Los grandes centros mundiales, que se deben a ejemplo mundial, tienen como métodos standard mandar a sus propios patriotas a "tierras enemigas", o a países víctimas del robo explícito de recursos naturales. Lo vemos en las noticias y en los diarios, entonces nos parece algo prudente. Hoy en día Internet nos muestra asesinatos explícitos en guerras de las cuales tampoco entendemos mucho. Mueren sus propios patriotas enloquecidos y motivados por el "poder" sostener una nación que bajo ninguna circunstancia podría valer más que el corazón de un niño que inocentemente nace en tierras enemigas.

Pero de alguna extraña forma nos tienen adormecidos, indolentes al dolor de otros seres humanos. Asustados con conceptos que ellos mismos inventan y transmiten a sus "conciudadanos", por medio de cajas cuadradas que llaman televisor. Nos adormecen con el fútbol, nos angustian con telenovelas, nos aterrorizan con noticias, y para que el sometimiento sea más efectivo, nos hacen evadir el dolor de vivir en esta realidad sometida con un suculento mercado de industrias cinematográficas, donde sólo algunos son estrellas de cine, tienen mucho dinero y aparentan ser muy muy felices. Creemos que quizás, al igual que estas estrellas de cine, también podríamos nosotros salir de la amargura y de la vida en blanco y negro; un poco de eso nos podría hacer felices. Pero es un control, una forma muy convincente que anestesia al hombre, a estos "conciudadanos", para que no sientan claramente el dolor que significa someter la libertad individual a un prototipo de hombre post moderno, que trabaja cinco, o a veces seis días a la semana, venera a algún tipo de dios para controlar sus culpas, se hipnotizan con imágenes de catálogo que le ponen precio a la felicidad de hermosos y cautivantes modelos de moda que sonríen en cartulinas e imágenes virtuales. Utilizan la ficción para que compremos, y nosotros creemos que la ficción tiene más cualidades que la mentira.

Compramos y compramos, pero una vez que experimentas que ninguna de esas cosas, exhibidas en catálogos o spot televisivos, nos logran entregar un mínimo de lo que tanto anhelamos para ser felices y que de cierta forma nos hace entender que algo en todo esto llamado mundo no está funcionando correctamente. Por el contrario, tenemos lo que queríamos, pero no encontramos la felicidad que buscamos, mientras hay que aparentar esa sonrisa de catálogo, entonces sentimos vivir en un abismo gris y desesperado donde hay que seguir marchando y rezándole a ese dios que nos perdone y que de alguna forma nos traiga la felicidad.

Los centros mundiales consumen los recursos naturales, sin entender, claramente, que el daño no se lo hacen a un enemigo externo, sino directamente al "planeta tierra" del mismo que ellos forman parte. Pero estamos individualizados, creemos ciegamente que somos países, estados o capitales, entonces nos destruimos a nosotros mismos, tan ridículamente como si la mano de un mismo cuerpo lastimara a la otra mano; sin entender que ambas manos forman al mismo cuerpo.

El planeta no son países delimitados, el planeta es uno sólo y se llama Tierra. Los seres humanos nos hemos delimitado y dividido, porque nuestra mente está de la misma forma, dividimos y delimitamos todo; nuestros países, nuestras religiones, nuestros gustos, los días de la semana, las ciudades de un país, las comunas de una ciudad, los diferentes barrios de esa comuna, las diferencias sociales, los distintos roles familiares, los distintos padres, los distintos hijos.

Confiamos en doctrinas religiosas que hoy fácilmente muestran como los años de historia continúan llenando de oro a los grandes dominios religiosos o a algunos fervientes pastores que con pasión desquiciada proclaman doctrinas de terror para condenar al propio hombre. Las religiones no son más que una forma de mantener a los "conciudadanos" con culpa y con pavor. Así es más fácil que nadie note que la misma esclavitud de la raza negra ahora la interpretamos nosotros mismos y no nos damos cuenta.

Los medios de comunicación lentamente comienzan a contradecirse, entonces la fractura del modelo comienza a manifestarse, y finalmente así, sin que nadie tenga que luchar por lo que de todas formas ocurrirá, el hombre volverá a ser libre, pudiendo desarrollar su propia individualidad, dejando de ser el miembro uniformado de un modelo social opresor, suicida, ambicioso e indolente.

Los incontables muertos de una guerra, sean víctimas o victimarios, son un espejo que le recuerdan al hombre hipnotizado de esta era, que el modelo que afirma la vida de los terrícolas es erróneo, suicida e indolente.
Los bosque nativos destruidos por la mano del hombre; los animales violados de su libertad natural para llenar los bolsillos del que ya tiene demasiado; la contaminación explícita; seres humanos dañados de manera psiquiátrica por los errores que el mismo modelo genera; encerrados tras las rejas, como quien barre la basura y la esconde bajo la alfombra. Mujeres violadas y seres humanos que ya tienen la mirada triste y la esperanza muerta, mientras viven sin querer vivir, mientras tratan de sonreír como lo hacen en los catálogos de moda; una imagen detenida en menos de un segundo, una imagen de sonrisa que nos hace sentir el vértigo de la infelicidad.

Coto Cañas

martes, 31 de marzo de 2009

Sanemos al siglo XXI


Esta es la historia que muestra como la mente terminó siendo la más temible arma del hombre post moderno. Así damos cuenta de este cambio de era, con la caída de las dos torres, las torres de lo dual, o de la pareja de opuestos, que tanto han dividido al hombre. Lo bueno y lo malo; lo lindo y lo feo; el cielo y el infierno; el amor y el odio, sucumben y liberan al hombre de su fractura y separación con ese misterio que no puede ser nombrado y que no puede ser comprendido por la mente; la razón es el elemento que no permite integrarnos como totalidad, dejando la abrumadora individualidad de este hombre del siglo XXI.

El arte del siglo XX y la visión separatista del artista del siglo XXI buscan una manifestación de lo inmanifiesto que sustenta enigmáticamente a la materia , de ese misterio que tanto ha ocupado al hombre.
Si consideramos que la representación artística del hombre no puede pretender manifestar lo inmanifiesto, así como el árbol no puede hablar de su misterio, es la materia en sí misma, en sus límites espaciales, que al mostrarse evidente y desnuda, puede evocar en el inconsciente este misterio que no puede ser nombrado,

En definitiva es imprescindible sanar el corazón del individuo post moderno, abrumado por el enfrentamiento de su individualidad dislocada y separada, confrontada con el pálpito inconsciente de un organismo totalitario y unificado. Y es este conflicto el que debe ser sanado por el arte, y por ende por el artista del siglo XXI.

El individuo es un ser que no nace comprometido a una sociedad, más que por el vínculo circunstancial con sus padres. En pos de la libertad de cada uno de los seres humanos, es que el individuo tiene pleno derecho a desestimar su participación social. La referencia de este punto de vista no tiene que ver con el hecho de alejarse del resto de la humanidad, sino solamente con un modelo social materialista que ya está fracturado y cada vez está más cerca de su caída final.

jueves, 12 de marzo de 2009

Despidiendo el Verano

Acá estamos, en una tarde de esas que despiden el verano.
Vengo como despertando de un largo sueño que contradictoriamente parece no haber tenido más tiempo que el de un frágil sueño nocturno.
Es como caminar en la oscuridad sin darse cuenta que todo está oscuro; mientras tu corazón late en un desesperado anhelo que no sabes ni de dónde viene ni para dónde va. Entonces buscamos ese anhelo desesperado por todas partes; fallando y fallando sin cesar.

Tantos miedos frente a la vida que se interpretan como un niño herido. Herido supongo porque le ha faltado sentirse importante frente al primer hombre en el que confió para que le mostrara el mundo.

Te conformas con poco o vives duramente hasta que se te acaben las ganas de vivir. Luego si caes en cuenta que no eres feliz supones que es una regla general y crees que si tu no lo fuiste, nadie más será capaz de hacerlo. Es sencillo, te cansas, te rindes y decides ver como se van pasando los días en esta agonía. Algunos días vienen a verte pajaritos, animales o insectos; y tu aún sin darte cuenta que lo único verdadero está en lo simple. Pero es cierto, todo tiene su tiempo y “más temprano que tarde” todos los caminos llegan a Roma.

Estas consciente que las cosas no andan bien y que te gustaría mejorarlo, entonces razonas y hurgeteas en un pensamiento tras otro… pero te cansas porque ese camino tampoco puede llevar a ninguna parte.

Nos olvidamos de lo simple y es por eso que sufrimos tanto. Nada tiene importancia; ni el dinero, ni el futuro, ni siquiera la propia vida, si uno no logra ser feliz. Y para ser feliz no se busca nada afuera de uno mismo. Para ser feliz uno debe entender que aún sin casa, sin perro y sin auto, se puede ser feliz en cualquier parte del mundo. Igual que cuando se era niño y daba lo mismo si la ropa se lavaba en una “moderna” lavadora de los ochenta o en una artesa de madera por las manos agrietadas de una mujer.

Así despiertas un día,
y te parece cómo si estuvieras desnudo sólo frente a ti mismo.
Descubres que has caminado toda la vida con el corazón herido; en el intento de protegerte y evitar el dolor, has vivido una vida parecida a una mascara que no te corresponde. Entonces no reconoces tu propio camino, lo perdiste en alguna parte de tu vida y ahora debes retroceder a buscarlo.

Pero entiendes que este primer hombre que te mostró el mundo también estaba herido y lo más probable es que la herida haya sido la misma. Entonces caminas la vida luchando, siempre defendiéndote contra algo; los seres de la naturaleza no luchan para vivir, las especies no son conscientes de que sobreviven, simplemente viven. Sobre-vivir es sólo un verbo que ha calificado el hombre.

De alguna extraña forma, quizás en una de esas tardes que despiden el verano, descubres que nunca ha existido una herida y menos alguna lucha que sostener. Entonces entiendes que la vida se acabará pronto y que nunca es tarde para vivir la vida despiertamente: Avanzar en el letargo de la vida o simplemente olvidar el tiempo y actuar en el mundo.

Entonces me incorporo en el mundo, entiendo que en mí mismo está todo lo que necesito para hacerle caso a mi corazón, que no dependo de nadie y que sobre mí se despliega una fuerza que me guía día a día mientras confío que mañana habrá otro nuevo amanecer.

Soy hijo del mundo y he venido a cumplir una misión dictada por mi corazón. En mí están las herramientas y no hay nada que necesite buscar por fuera.

jueves, 8 de enero de 2009

Deus ex Machina


Quisiera poder escribir aquí palabras que lograrán vaciarme entero.
Entiendo que esta dualidad me está matando,
También entiendo que es posible salir de acá.  

Busco las luces de los faros en las costas,
En las costas de mi mismo,
En ese ser inmutable que jamás muere.
Las empañadas luces de los faros se hacen apenas perceptibles.
El vértigo de mi cuerpo me mantiene paróxico,
Y ahora que pareciera no tener más fuerzas, me entrego,
No por cobarde, al contrario;
Porque se me cansaron los miedos,
Y las palabras dejaron de tener significados.  

Mientras el materialismo se pudre y se hace polvo,
Igual que nuestro cuerpo,
Veo a una humanidad que despierta,
Lentamente y junto a mi.
Entonces se abren los horizontes
Y puedo pensar que la vida es bella;
Cómo dijo mi madre,
conectada a un respirador y la cara radiante;
"Sí, la vida es bella". 

Quiero ser todo al mismo tiempo
Y olvidarme de este personaje en busca de importancia. 
Quiero amarte no porque te necesite, 
Quiero amarte porque amar es lindo, 
Porque amar nos bendice como hombres 
Y nos llena de gracia.  

Me siento un viajero intergaláctico
Atrapado en esta dimensión, 
Como una especie de hombre eterno
Atrapado en la telaraña del tiempo;
Inducido en la narcolepsia del arácnido veneno.

Esperando el “Deus ex Machina”
Te miro y me aquieto,
Busco mi centro, me olvido de todo,
Y entonces me lleno de vida
Y comprendo lo que significa ser un hombre.  

Aprovechemos esta coincidencia en el espacio/tiempo.
porque volar contigo se convierte en posible,
porque llegar a lo impensable se vuelve pensable.

Hagamos una tregua y dejemos los miedos afuera,
A mi también me molestan,
Pero de seguir con ellos se detiene la vida.
Hagamos esta tregua y comencemos a vivir,
Mostremos la magia al mundo,
Mostremos que en la locura también está la sabiduría.



viernes, 2 de enero de 2009

Eso soy

Soy una de esas personas extrañas, de esos que miras y no sabes de dónde son. Soy un hombre confundido que ahora deja la inercia del pensamiento. Desprendido de mi mismo, porque atravesé las fronteras débiles de mi persona y no encontré nada. Entonces busqué importarme, luego me importé, me odié, en un minuto desaparecí hasta del espacio. Estuve lejos, tan lejos como donde el dolor de las entrañas paróxicas derrite tu piel, luego tus viseras y entonces se te desgarra el alma. Te desintegras, tu vida no es más que una centrifugadora que no sabe cómo parar. Los miedos parecieran ser las llamas del mismo infierno, la culpa el verdugo del sacrificio.

Pero entonces llegas al final del hoyo, el límite donde termina lo oscuro. Entonces te das cuenta que todo se desintegra, se deshace, pierde importancia. Y pese a todo sigues existiendo, limpio, inmaculado, brotando de la fuente misma.

Caes en cuenta que eres menos importante que una simple historia de ficción, de esas que tarde o temprano te toparás y te hará sonreír.

No es por fuera que nos encontramos como seres humanos, es por dentro que llegamos a entender que ser parte de este espacio/tiempo, es como ser amorosos dioses descubriendo el paraíso.

Estamos dañados porque cuando niños se nos condicionó el amor, porque aprendimos a buscarlo afuera y no entendimos que el amor somos nosotros mismos.

Amor atrapado en la oscuridad de nosotros mismos, tratando de germinar como lo hace la semilla en las oscuridades de la tierra.

Ahora entonces, tranquilo y quieto, me siento bajo la sombra de las parras y divago en las últimas y agrietadas fronteras de la mente.

NO VOY NI VENGO. SIEMPRE HE ESTADO Y SIEMPRE ESTARÉ. LA IMPERMANENCIA DE LA VIDA ME DELATAN COMO LA EXISTENCIA PRIMARIA, LA QUE JAMÁS MUERE, LA QUE LE DA EL ALITO DE VIDA AL HOMBRE. 

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Control+Alt+Suprimir

Incoherencias o errores en la matrix.
Salida del tiempo,
perdida total de la memoria.

Ingravidez absoluta,
cuestionamiento de la propia experiencia humana.
Lógica extraviada y quizás para siempre.
Paroxismo paradógico y paralelepípedo.

¿Salida de la Matrix?
Locura desenfrenada,
bestialismo ageno,
desapego absoluto,
vuelta a cero.

martes, 18 de noviembre de 2008

Abracadabra

Despierto con claridad calma, no con ese sentimiento de ansiedad cuando las cosas están bien y uno teme que se derrumben.

Las hojas del Palto se hacen cariño, el San Pedro crece diariamente en dirección al cielo, las violetas desparramadas por el patio parecieran alcanzar un orden en el desorden y las parras nutren los frutos que serán devorados en febrero. Desfilan las orugas, las mariposas, los chanchos de tierra. Serafín aquieta su cuerpo felino tratando de no encontrarse con la fatiga de un día caluroso. Yo también estoy quieto, descubriendo esta magia en el presente y abandonando los pesados fardos de la mente. La quietud vence al calor, el movimiento al frío.

La primavera prepara los frutos y me incita a pensar que me prepara a mi también.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Se Rompe la Torre

Llevo bastante tiempo tratando de conocer los brillos encandilantes de esta ciudad. Me he vaciado entero tratando de encontrarle el sentido al sin sentido. He llegado a oscuridades tan profundas tratando de encontrar veracidad a lo que me enseñaron cuando llegué a este mundo; todos iban caminando hacia alguna parte, parecía lógico avanzar en esa dirección. En el camino alimañas y carne putrefacta; eso sí, guerreros hermanos, desentrañando lo mismo, con la misma inconsistencia de búsqueda, con un corazón fuerte, sincero y una convicción desmedida.

Te busqué por mucho tiempo hasta que me aburrí de hacerlo porque intuí necesario encontrarme a mi primero. No me culpo ni de egoísta ni de cobarde, simplemente que tan lejos de mi mismo sólo encontraba amores ciegos, egoístas y temerosos. Pero mi corazón no era de esas tierras, y de cualquier forma, era mejor alejarse.

Tuve que autoconvencerme que no existías, era demasiado duro llevarte conmigo si no te tenía. Me enredé en el maremoto de los temores, en los abismos de la duda y en el desgarro de la importancia de uno mismo.

Muchas leguas llevo recorridas, pero el tiempo yace en las fronteras débiles de mi mente. Entonces esa voz casi apagada dentro de mi corazón me hace señas, me susurra que no olvide que aún existes y que ya pronto estaremos juntos.

Yo continúo encerrado en esto parecido a una torre, un falo que pronto será destruido. Antes, hubiera esperado que llegaran a rescatarme, ahora sé que es mejor hacerlo por mi mismo. Soy un guerrero que será emperador, emperador que ha de encontrarte, porque ya no quiero más los brillos encandilantes de esta ciudad. Quiero contemplar la magia de los días juntos, y construir los sueños que vayamos imaginando, sin límites, sin restricciones.

Algo como Matrix

Y soñamos con robots pero no somos más que la representación de ellos mismos hechos a escala. No podemos darnos cuenta que nuestras fantasías futuristas son una verdadera analogía de este hombre post-moderno, quien hace ya mucho tiempo se quedó dormido y ahora lentamente comienza a despertar. Somos verdaderas máquinas, con un chip quien sabe dónde, encargado de hacernos actuar según el protocolo social lo vaya determinando. Nuestras acciones ya no son nuestros deseos, sino simplemente las necesidades de otro, nuestras acciones se han remitido al cumplimiento cabal del protocolo social. Es el chip quien nos enferma, son los paradigmas que hemos almacenado inconcientemente dentro de nosotros. Entonces la vida está llena de reglas que no permiten al hombre poder cumplir su misión en la tierra, en un mundo sin aparentes fronteras.

No cumplir el protocolo social nos encierra en abismantes miedos, dónde nos retorcemos y la culpa se transforma en un verdadero infierno. Entonces estamos trabados porque sin la libertad que necesitamos no podemos entender el gozo de la vida, y nuestra única condena será estar atrapados en el ciclo de la felicidad y la infelicidad hasta que de alguna forma podamos tomar conciencia.

Y la verdad la tenemos frente a nosotros mismos. Pero cómo iba a creer el hombre del siglo IV que la tierra era redonda. Había que probarlo, no era sólo un asunto que alguien escribiera en un libro, o simplemente una voz en el aire.

Nos hemos construido una torre, parecida a la de Babel. En ella tenemos sistemas, parámetros, creencias, conductas, razones, paradigmas, estatutos y normas. En ella vivimos y en ella nos aislamos de todo el vasto e infinito universo que nos rodea. Perdemos de vista lo importante y esta torre nos ofrece asilo y el status quo frente a todos nuestros miedos, miedos que por cierto existen sólo en esa torre, porque afuera de ella nada es realmente tan importante, porque afuera el universo vive en armonía.

Creemos inequívocamente que nosotros mismos decidimos, pero ya estamos tan absortos dentro de los paradigmas sociales, dentro de esta torre, que no percibimos nuestras “decisiones”; parecidas a un mecanismo autómata que controla nuestras horas, nuestros días, semanas y años de la vida.

Nos despertamos todas las mañana sin obedecernos a nosotros mismos, simplemente debemos subirnos a cualquier vehículo de metal que nos traslade a donde nos traslada todos los días.

Mientras tanto nuestra mente vuela muy lejos, añorando el tiempo en que esta historia no se repita más. Y para entonces ya estaremos viejos, nuestros músculos cansados, nuestros anhelos destruidos por el tiempo, nuestra libertad de movernos hacia donde queramos finalmente aniquilada. Tendremos clavada en la mirada la nostalgia de tiempos que pudieron haber llegado. Y ahí, ya se nos fue la vida y lo único que nos resta es esperar a la muerte que acecha insoportablemente.

Ejecutamos nuestra motricidad robóticamente para cumplir nuestra labor diurna, mientras nuestra mente piensa en todo lo que podría estar haciendo si no tuviera que cumplir con esta robótica conducta, y nuestro corazón reclama lejano pero incesante. Entonces finalmente nuestra mente se transforma en una especie de refugio donde nos agazapamos y escondemos.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Everything you want

Todo cuanto anheles te será dado,
todo cuanto sientas habrás explorado.
Círculo de luz olvidado en la superficie,
tu centro reclama que retornes.
El medio de la lúgubre noche,
y de tus clementes preguntas,
es que emprendo el vuelo para salvarte,
y entre medio de tus vísceras angustiadas y retorcidas
penetro para sanarte y aquietarte.


Estoy en ti y en todas partes,
no sólo en la superficie de ese círculo luminoso;
en el centro, en lo medio y en los extremos,
en lo exacto e inexacto,
en lo correcto y lo incorrecto,
en el ahora o en la mente,
en cualquiera de las infinitas posibilidades.


Tus miedos congelados se derriten poco a poco,
entonces la inmensidad del Sol luminoso
los evapora desde su esencia.
Y recuerdas nuevamente donde está casa.
Entonces ya nada es importante,
y dejarte llevar por tu destino
te conduce al paraíso
que abandonaste cuando quisiste dejar de ser un niño.


Ahora tranquilo,
porque ya estás en casa,
nada es tan importante,
y si te dejas llevar
las puertas del paraíso se abren de a par y en paz.
Todo lo que quieras...

Paraíso

Hace ya mucho tiempo no existía el cemento separando la individualidad del hombre, no existían los miedos, porque éramos libres de acuerdos racionales y sólo vivíamos con nuestro corazón. El universo era nuestro y no nos conformábamos con vivir en algo parecido a una caja de cartón elevada en las alturas, con gimnasio, lavandería y ascensor. Era imposible soñar con algo como eso, si había tanto, de todo y para todos. La ira, el odio, el egoísmo no existían porque nadie había sufrido abuso cuando niño. La humanidad vivía sin miedos y entonces el presente se transformaba en un fenómeno milagroso que había que agradecer como ninguna otra cosa en nuestro pasar por este mundo.

Llegar a este mundo sólo a ser lo que en el fondo de nuestro corazón somos, es la misión más importante a la que hemos venido. Pero equivocamos el camino cuando creemos que tenemos que ser de cierta forma impuesta, y lo equivocamos mucho más cuando pretendemos el destino de otro para nuestras vidas.

El Paraíso lo abandonamos cuando dejamos el corazón de lado y entonamos el juicio frente a todo lo que perciben nuestros sentidos. La constante evaluación de lo que nos rodea nos mantiene ocupados en la mente, divagando por mundos lejanos, por miedos irreconciliables, lejos de nuestros latidos, alejados de esa verdad individual que cada uno vino a interpretar.

En el Paraíso se vive sin miedos, se vive en plena libertad para el hombre, siendo éste un hombre de virtud que respeta el ciclo de la vida y vive en permanente éxtasis con todo lo que le rodea. No se necesitan cosas, en cambio sí se crean cosas y nuestros cinco sentidos son sólo una pequeña parte de todo lo que hay a nuestro alrededor. “Nuestra percepción crece, nuestros sentimientos actúan, nuestros pensamientos obedecen y nuestra intuición nos guía”.

La historia o mitología religiosa nos relata en sus orígenes que cuando el hombre come del “Árbol del Conocimiento del Bien y el Mal” es expulsado del Paraíso. Ahí su mente se divide en esta ancestral dicotomía de lo diestro y lo siniestro, del bien y del mal.

Luego el “hombre ciego” se aprovecha y empeñando las religiones y sus políticas, atemoriza al pueblo con el infierno bajo el no cumplimiento de ciertas reglas. Entonces el hombre ya dividido, y bajo el temor de quedar atrapado en esa oscuridad profunda, camina todo el resto de sus días escapando de la culpa. “Los hombres ciegos” nos controlan y disponen sus iglesias para mantenernos atrapados entre rezos, dogmas, infiernos y ángeles. Así nos olvidamos de la Vida, de la Luna, del Sol, de lo maravilloso que es el Mundo donde vivimos. Finalmente nuestra mente se transforma en la oscura caverna donde nos guarecemos llenos de miedos, en el juicio de lo correcto y lo incorrecto. Nos encerramos dentro de esta caverna y los días pasan sin sentido, mientras el cuerpo reclama que todo esto terminé pronto. Nos olvidamos de la vida, entonces la culpa nos suicida y nada de nada cobra sentido.

Pero pareciera necesario abandonar el paraíso, pareciera ser parte de este juego llamado vida tener que emprender el viaje fuera de casa. La única forma quizás de no olvidar lo que este paraíso significa.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Camino Bendito

Vengo de algún lugar que no podría denominar y voy hacia otro lugar igual de indenominable. Estoy acá, en un lugar aún más indenominable pero que de alguna u otra forma lo puedo sentir. Los cuestionamientos alcanzan respuestas  que rápidamente se contradicen y entonces pierden cualquier tipo de valor. A veces la vida pareciera ser muy dura, otras veces sólo un juego capaz de enredarme. Es de noche, luego de día, llega el sol, se va, aparecen las estrellas y la luna, todo lleva un ritmo circular. A veces siento como si no estuviera en este lugar y otras veces siento como si estuviera en todas partes.

Hay cosas que duelen, y mucho. Pero extrañamente desde el punto de vista mismo del dolor todas esas cosas parecieran desintegrarse y perder cualquier tipo de valor.

La oscuridad pierde su valor siniestro pero es capaz de arrastrarme como un tirabuzón hacia un abismo sin retorno. Entonces aparece la luz como destello de realidad aparente, donde las cosas son y donde también existo.

Pienso en que las cosas manifiestas en algún momento deben haber sido inmanifiestas y luego para tener el valor de inmanifiestas es necesario que hayan sido manifestadas al menos por la mente.
Soy conciencia justo en el medio, donde lo manifiesto y lo inmanifiesto no pueden ser significados, donde la luz y la oscuridad ya no se tocan.

Quizás la literatura y sus palabras me extravían, quizás le he dado mucha importancia al juicio de las cosas de la vida y se me ha estado olvidando vivirla. Entonces me pregunto ¿Cómo hacer para abandonar los juicios de la mente, teniendo claro que no sirven para vivir la vida?

Me entrego a la vida y a sus designios y le pido al universo y a sus ángeles que me ayuden a desentrañar la verdad en mi Corazón.

¿Qué son las palabras si los significados dejan de ser importantes? Quizás la fonética de sus letras es lo único que importaría. Tantas palabras, tantos discursos, tantos enredos y cuantas paradojas circulan a mi alrededor, mientras mi corazón es olvidado, y con su olvido mi verdad transigida.

Ya no quiero ser una imagen para nadie, ni buena ni mala. Ahora quiero dejar de ser por fuera y enamorarme de lo que siempre he sido por dentro. Esa verdad que emana preciosamente en el Aquí y el Ahora, y que cuando deja de serlo entonces se convierte en la Mente y todo pierde sentido, deja de ser la Verdad universal desde donde procedo.

Han sido tiempos oscuros, cambiantes y enredados, se me ha olvidado mi nombre, mi hogar y mi Corazón. Ahora lentamente los comienzo a sentir nuevamente, y con esto entender el deleite que significa ser parte de este mundo llamado tierra; de este juego llamado vida.

Es tiempo de vivir Ahora, porque para el más empírico y racionalista hombre lo único sustancialmente real que tenemos delante nuestro, es este Aquí y Ahora, que nada tiene que ver con el pasado y el futuro, que no existen en el tiempo; porque el tiempo no es más que una frontera de la mente. Amo la vida porque es donde me puso el universo, amo la Oscuridad porque me enseñó lo importante que es la Luz y amo la Luz porque sólo en ella puedo desarrollar mi verdad.

Sin felicidad y sin tristeza igual existo, sin luz y sin oscuridad llego al centro mismo donde está mi conciencia. Y es aquí donde me quiero quedar, en esta conciencia desprovista de juicios, en este Aquí y Ahora; lo más concreto que he podido encontrar en este camino sinuoso, pedregoso y bendito. Porque mal que mal es el camino de regreso a casa, al corazón, a la verdad que vive palpitante a cada segundo en cada uno de nosotros, y al mismo tiempo en el universo entero.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Vivencias

Uno nace dentro de un mundo donde hay muchas reglas, donde los hombres en vez de preocuparse por SER, en relación a sus corazones, se han empeñado en obedecer a este modelo de hombre que trabaja la mayoría de su vida, ama con sentimiento de culpa muchas veces, y vive agrupado como ovejas porque teme constantemente ser atacado por otros hombres.

Sólo afuera de esto es donde respira la verdad del hombre, sólo afuera de esto se puede ser feliz. Afuera no hay enemigos, porque afuera sólo están los que no quieren guerras, porque afuera tampoco existe la división del hombre, afuera de todo eso se deshacen concretamente todos los miedos.

Entonces se es pequeño entremedio de grandes y todo lo que vamos encontrando, cada día frente a nuestros ojos, es desconocido, asombroso y maravilloso. Pero el brillo del asombro rápidamente es negado por que otras cosas comienzan a ser importantes ahora. Rápidamente se integra en nosotros el deber y el haber social que forma parte de esta cultura occidental, castradora y conquistadora de nuestros orígenes como “hombres de tierra”. El deber y el haber nos logra estructurar, mientras algo en todo esto hace que nos duela el corazón, tan hondo como uno muchas veces no pudiera imaginarlo. “Pero finalmente no importa” porque todos van para allá y “a veces hay que hacer algunos sacrificios”. Así uno crece, convencido que hay que buscar la felicidad siguiendo este “catalogo de instrucciones que ha creado el hombre”. Puedes casarte con una persona que amas, firmar un contrato legal para asegurarte que no te abandonen tan fácilmente, trabajar duro para comprarte una casa y un par de autos, guardar dinero para cuando seas viejo y buscar un buen tipo de Dios que te proteja para que nada extraordinario te vaya a pasar, quizás un seguro también pueda ayudar. Y cuando estés triste y te des cuenta que la felicidad no logra estar más cerca tuyo, toma un catalogo de revista y sueña con que algún día te ganarás un premio de lotería y todo lo que sueñas lo podrás tener. Te compras algo y crees ser feliz por un par de días, luego la misma nostalgia que no cesa, entonces será tiempo de seguir soñando o mejor dicho de "seguir trabajando", "que de sueños no se puede vivir".

Te miras en el espejo y ya no luces como ese joven idealista; ese joven que todavía escuchaba sus latidos del corazón. Tu estomago pareciera haber aumentado considerablemente de volumen y la calvicie, algo que ha empeorado con los años, parece haber entonado el adiós. Uno cree que la calvicie y la gordura fueran parte de la vida sin entender que el problema no radica en una alegoría de tener buena o mala suerte, sino que simplemente es el resultado de cuando el hombre olvidó sus propios latidos y equivocó su camino de humano persiguiendo un modelo de hombre; desvirtuado por el mismo hombre.

Y comenzamos a dormir, no somos capaces de entender que la humanidad se quedó dormida como esclava del materialismo social, y que aunque no seas un buen analista podrás entender que “empoderar” a los pocos que están detrás de todo esto, es el precio de dormir a la humanidad y hacerles olvidar que el universo es basto, que el hombre no necesita trabajar para comer, que ya no se pueden seguir explotando los pocos recursos que quedan, porque de seguir así la propia naturaleza tendrá que reestablecer el orden y romper las ciudades de cemento.
El mundo necesita retornar a su origen, la verdadera humanidad del hombre necesita ser restaurada.

Cuando ya eres más grande continúa la lucha de tener que "ser", de corresponder con ese modelo o simplemente hacerle caso al corazón. Con los años esta lucha parece que se hace más grande y menos incomprensible.

Sencillamente mi corazón era destruido pensando que debía llevar esa conducta de hombre tan falto de libertad, tan gris y tan contaminado con la rabia, la frustración, el falso orgullo y el egocentrismo. 
Somos hijos de un universo sin fronteras, somos inmensos. Pero hace tiempo lo olvidamos y ya es tiempo de volver a recordarlo. El corazón reclama y no le hacemos caso, porque ya no somos capaces de escuchar, porque aunque quisiéramos nuestros sueños de vuelta, están guardados en un lugar que no podemos recordar. Hemos construido encima de nosotros una máscara tan grande que nos representa, llevamos interpretando el personaje social de los haberes y deberes por tantos años, que cómo va a ser fácil recordar nuestro corazón, recordar quién verdaderamente somos.

Así despierto un día, con esta claridad llena de certeza. Pero cuando puedes ver esta luz te das cuenta que aún caminas entre la oscuridad de tu mente. Muchos patrones y paradigmas hay en ella. Ahora viene el tiempo olvidar a tantos personajes que habitan en la cabeza y volver a sentir cada latido del corazón; como cuando se era un niño y el sonido de cajita musical replicaba lleno de plenitud y tranquilidad.

Acá estoy ahora, en un bai ven que cada vez es más breve, tratando de llegar al centro, donde no hay movimiento y sólo se siente el corazón.

Mil y una razón podrían destruir mis palabras, finalmente es esto lo que siento como verdad y la verdad que me gustaría compartir con quien lo quiera.

Creo que las ciudades muy pronto se viene abajo, nuevos tiempos llegan para el hombre y es imprescindible fortalecer los corazones y aquietar nuestra mente. Sin líderes, sin leyes, dejando de la lado lo superior y lo santo. Con compasión, Humildad y Moderación es que el hombre puede volver a ser hombre y dejar de ser este humano esclavizado que trabaja la mayoría de la vida para que el de arriba se haga más rico. Con Compasión, Humildad y Moderación no nos olvidamos de nosotros mismos y podemos entender que la felicidad no es algo que se tenga que buscar, sino sencillamente es algo que viene integrado junto a nuestra humanidad.

lunes, 28 de enero de 2008

Durante el Viaje.

Esta es una gran colección de búsquedas, de deseos, de miedos.
Y siempre es lo mismo, buscamos en el exterior de nosotros y olvidamos todo lo que tenemos dentro.

Queremos ser felices buscando status, debiendo y teniendo que ser para los demás, buscando nuestra importancia para poder finalmente demostrarsela al mundo, porque creemos que mientras más hermosa sea nuestra cáscara más queridos y protegidos estaremos,
porque creemos que ahí encontraremos esa felicidad que a cada rato se nos escapa de las manos.

Y se nos olvida que el cuerpo envejece, que cuando pasa el tiempo todo pierde importancia: las palabras, las tristezas, el cuerpo, los miedos, el dolor, los deseos y lo que el resto pueda decir de nosotros.
Todo no ha sido más que la posibilidad de poder actuar desde el corazón y ser lo que a partir de ese lugar somos.
Pero se nos olvida y la mayoría de las veces sólo lo entendemos cuando ya es tarde, cuando el viaje ha terminado.

Cerramos los ojos y ya estamos lejos de acá.

Toda nuestra búsqueda lo único que provoca es olvidarnos como late el corazón, desperdiciando la posibilidad de vivir la humanidad más hermosa en el simple significado de ser secillamente lo que somos, sin importancia, sin cuerpo, sin miedos. "Yo soy lo que hago y a eso he venido", recuerdo por ahí.

Entonces el viaje termina y nos quedamos con lo simple, con nuestra verdadera esencia, y finalmente todo el resto muere.

Nuestra importancia, por la que luchamos desde que el recuerdo de esta humanidad nos permite, es parte del olvido, es parte de una historia que carece de importancia; una importancia que está más cerca de morir que nuestro propio cuerpo, una importancia que al final es vacio y lo único que logra es alejarnos de lo verdadero, de nuestro corazón, de nuestra verdadera humanidad que extraviamos en algún punto del camino.

Y nos quedamos sin nada, el viaje termina y la mente muere, y con ella todos sus recuerdos.
Finalmente lo único importante era ser lo que realmente somos, dejando de lado la importancia que buscamos tener entre tanta humanidad ciega y confundida.



 

viernes, 18 de enero de 2008

Un Chip llamado ciudad.

El protocolo aéreo lleva el avión en penumbras y te observo como si fuera el narrador omnisciente de esta historia. No vas tranquilo pero tienes cierta calma. Tu mirada va en la ventana, absorbida por las luces de esa ciudad nocturna que lentamente comienza a quedar atrás. Minutos antes y desde el centro mismo de la luces, el avión despega con aires de luna menguada y un frío cielo despejado de invierno. Por la ventana del avión es como si uno se fuera despegando de las luces, de su entorno, de uno mismo. La ciudad iluminada comienza a reducir sus proporciones espaciales lentamente. A medida que el avión se empina como un ave entre la espacialidad infinita del cielo, todo comienza a perder valor y tamaño.  Me gusta sentir la sensación de observar tu expresión facial que parece feliz con el reciente descubrimiento.

Luego de varios minutos la ciudad se ve en su totalidad rodeada por el negro espacio del viaje nocturno. Tu continuas enamorado de la sensación que provoca ver como la ciudad está lejos, fuera de ti, que finalmente tu no perteneces a ella y que no te habías dado cuenta hasta ahora. Es extraño, porque tanto tiempo en la ciudad iluminada y asumías inconscientemente que tu y ella eran lo mismo, tu eras parte de la ciudad y no del inmenso e infinito universo que se abre sobre nosotros.

Te sientes consciente y despierto, quizás no lo habías estado hace tiempo, y ya no estas en la ciudad ni en su historia, estás en un punto que, visto desde estas circunstancias, pareciera neutro, como un limbo donde todo se detiene.

Ahora dejo de ser ese narrador omnisciente y vuelvo a mi cuerpo, sentado en la misma butaca aérea que vas sentado tu, vuelvo a tu cuerpo y volvemos a ser uno, mirando la ciudad transformada en un insignificante punto de luces parecido a un chip de computador.

El avión avanza, en algún momento aterrizará en otra ciudad iluminada y yo seguiré siendo el que observa desde afuera la situación, igual que ahora, entremedio del cielo nocturno y por encima de cualquier ciudad.

"No somos más que lo mismo contado de manera diferente. Pero "alguien por" ahí se esmera en recalcar nuestra individualidad, todo lo distinto que somos frente al resto. Finalmente ese "alguien por ahí" desaparece y me quedo yo con el peso de sostener esa diferencia, inventada por la mente, afirmada dentro de ella y sostenida como una bestia salvaje que defiende a su camada. Ya no quiero sostener lo insostenible, tampoco lo sostenible, todo esto es una mochila llena de piedras, inservibles y pesadas".

martes, 15 de enero de 2008

Podría ser que...

Volver al presente, es como cuando niños, en medio del juego diurno y con los amigos, estábamos en desventaja y los piratas nos tenían prisioneros sin querer dar tregua alguna; era una deshonra inmensa estar ahí, mientras la victoria se alejaba a manos llenas del enemigo. Pero terminaba el juego y cada uno se iba a casa, quizás le lavaban la cara, los dientes y entremedio de la noche se dormía en la calma, porque mañana comenzaba otro juego y la victoria estaba a sólo un paso.

Se Nos Olvida


A veces se nos olvida lo simple de todo esto. Un día, y quizas a medida que se aleja la infancia, abrimos los ojos y sin darnos cuenta ya estamos lejos de lo importante. La infancia se nos duerme y todo comienza a ser complicado. Me miro en el espejo y me pregunto, ¿Por qué se me olvido la plenitud de observar, quietamente y por muchas horas, a los chanchitos de tierra que se hacían pequeñas bolitas hermeticas? ¿Por qué se me olvido lo inmensamente pleno que quedaba en la noche, después de estar la tarde entera rescatando insectos en la piscina?
Entonces me doy cuenta de las muchas cosas que olvidé; lo poco importante de la ropa, de la tierra, lo poco importante de engullir un escarabajo sin pudores ni complejos. Olvidé completamente lo distinto que era sentir un atardecer o lo maravilloso de una mañana anticipando las mil aventuras que abría el día.

Aún frente al espejo me cominzo a custionar; si esa simpleza me daba tanta paz, por qué he buscado todo este último tiempo en materias tan enrredadas como la sabiduría y la importancia. ¿Por qué he preferido esta mente que me ha tenido atrapado en los miedos; detenido, deteniendome cada vez más?

Atrapado en paradigmas, que llevan consigo una lógica, una respuesta y una clasificación para todos los asuntos. Digo atrapado de nuevo y sólo por estructuras que se construyeron en la mente, nada de eso existe pués sólo se trata de un acuerdo mental, afirmado en cordenadas virtuales como el de los "ceros y unos". Más allá de la mente está lo realmente importante, más allá de la mente está el recordar el éxtasis que puede significar la magia de un amanecer, la simpleza de contar los peldaños de las escaleras que te llevaban al piso diez sin más sentido que ese.
Las religiones hacen eco dentro de si mismas y la política nos convence de lo realmente importante de sus asuntos. La vida es muy seria y debemos aprender a cuidarnos.

Te quiero demostrar que la vida es muy distinta, que aún que paresca estar todo confuso y sin sentido, todo no es más que una absurda mentira. Estamos viviendo una aventura creada por nosotros mismos, una aventura que podemos cambiar cuantas veces queramos. Pero nuestra mente resiste y a cada rato nos quiere demostrar lo dificil que es existir en este mundo. Y finalmente todo no es más que una absurda ilusión, afirmada en los paradigmas de nuestra mente, esos mismos paradigmas de "ceros y unos"que nos alejaron la infancia, los que nos hicieron olvidar lo simple de todo esto.